lunes, 23 de agosto de 2010

Otro bocadillo de chicharrones para el directorcillo del periodiquillo


En Córdoba, el Directorcillo del Periodiquillo de Alcanfor, al igual que hace todos los fines de semana, ha emborronado otra página de su periodiquillo para embestir contra los políticos. Determinados políticos, no todos. El artículo, siguiendo el manual de estilo ideológico y doctrinario del periodiquillo, habla de (cito las expresiones) coches de cristal tintado y politicos caciquillos locales, de la condena al olvido para los damnificados y de manguerazos en los zapatos antes de subir a los coches de cristal tintado. Todo esto le sirve al directorcillo del periodiquillo para, erigiendose en adalid de los “parias de la tormenta”, denunciar la indolencia de las administraciones y el oportunismo de sus dirigentes. Él sí sabe de lo que habla, me imagino al directorcillo del periodiquillo bajándose de su propio coche, sin haberse desprendido de la visera y los manguitos de la redacción, más que nada para que todo el mundo sepa que él es el directorcillo del periodiquillo, llenándose los zapatos, los manguitos y la visera del lodo de la catástrofe.
Dice el directorcillo del periodiquillo que, a estas alturas, el barro ya se habrá agrietado y ni siquiera entonces dice la verdad. El barro y el lodo siempre permanecerán en Aguilar o en Bujalance, en primer lugar porque se humedece todos los días con las lágrimas de los que él llama “parias de la tormenta”, en segundo lugar porque en el recuerdo, en la habitación del dolor del palacio de la memoria, Aguilar y Bujalance siempre tendrán el barro de las lluvias de anoche. Lo que pasa es que para que la vida te vaya llenando de recuerdos tristes la habitación del dolor es preciso haberlo presenciado y no escribir de oidas.
Porque en su periodiquillo, el directorcillo, permite que se escriba de oidas. Siguiendo la máxima de “no impidas que la realidad te estropee una buena noticia”, sus redactores escriben sobre actos, acuerdos, convocatorias o hechos a los que no asisten. Recuerdo una ocasión en la que, durante semanas, su periodiquillo publicó que otro político “caciquillo” local había redecorado su despacho por valor de 70.000 Euros. En realidad se había intervenido sobre la sede de una administración, en un edificio protegido, adecuando espacios y remozando estructuras para albergar un departamento completo de esa administración. Además de los despachos de, no uno, sino dos políticos, también se reformaron y adecuaron espacios para otros quince puestos entre técnicos y administrativos. Pero por más que se invitó insistentemente a que algún fotógrafo del periodiquillo visitase las obras realizadas, no hubo manera de que el periodiquillo rectificase.
Pero que el directorcillo del periodiquillo escriba sobre los parias de la tormenta no suele ser habitual, a él le gusta más emborronar su página semanal hablando del liderazgo social que debe ejercer el último representante de la iglesia recién llegado a la ciudad, o al menos eso es lo que él piensa como el portavoz de la sociedad cordobesa en que se ha autoerigido. También le gusta escribir arengas sociopolíticas sobre el despertar económico de esta Córdoba adormecida, según él. Como lo que el directorcillo busca es la contratación de publicidad en el periodiquillo por parte de la entidad financiera, las encendidas loas que dedicaba a quienes antes la dirigían, se han vuelto ahora reproches, para dedicar renovados piropos a los actuales propietarios. Ah, poderoso caballero...
Jose María Izquierdo escribe estos días en El País sobre los jinetes del apocalipsis, aquellos que cada mañana en sus periódicos y a todas horas en las interminables tertulias de las televisiones y radios que controlan nos preparan una buena infusión de pesimismo y nos pintan un paisaje aun más oscuro y tenebroso al que nos ofrece la realidad cotidiana. No hablan ni escriben, las plumas mercenarias de la derecha más rancia y montaraz se empapan de sus propios humores y vomitan mentiras y medias verdades con las que oscurecer aun más el horizonte de esta sociedad ya de por sí vapuleada por las circunstancias. El jinete al que dedicó su sección el pasado domingo fue Carlos Dávila. Pues nada, además de para Carlos Dávila, otro bocadillo de chicharrones para el directorcillo del periodiquillo.

lunes, 19 de abril de 2010

Un triste alcalde triste


He tenido ocasión de escuchar en varios, tal vez demasiados, actos al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y he de reconocer que no es un hombre que levante precisamente pasiones con su palabra. Bien al contrario, su verbo es una extensión de esa especie de indolente hastío que habitualmente dibuja la expresión de su cara. Si la retórica de Francisco de la Torre destaca en algo es en el argumento permanente del agravio comparativo que las administraciones de ámbito superior infligen a Málaga respecto a otras ciudades andaluzas.
Durante los últimos años he sido testigo directo de cómo Málaga ha sido objeto de inversiones millonarias, provenientes tanto del gobierno central como de la administración autonómica, en todos los órdenes: rondas, autovías, puerto, aeropuerto, metro, playas, parque tecnológico, infraestructura turística o equipamientos culturales entre una lista que resultaría interminable detallar. En mi humilde opinión, Málaga se ha convertido en la capital del Sur de Europa en la que Pedro Aparicio creía y a la que aspiraba, y a la que, por contra, Francisco de la Torre, es incapaz de aprehender.
A pesar de todas esas inversiones, el actual alcalde de Málaga jamás se ha apeado de su tedioso discurso del agravio comparativo, mientras que, por contra, él no pasará precisamente a la historia por las aportaciones emblemáticas que haya podido hacer a la ciudad en sus diez años de alcalde ya. Sí es posible que pase a la historia por haber intentado derribar, al igual que antes hiciera su antecesora, algunos de los pilares de esta Málaga del siglo XXI que ya dejara enunciados Pedro Aparicio.
Afortunadamente, Málaga, evoluciona y se moderniza a pasos agigantados gracias a su gente, no a su alcalde. Málaga es una ciudad cosmopolita en la que se contienen las esencias clásicas de otros puertos del Mediterráneo, pero que a diferencia de éstos ha sabido componer las herramientas y los procesos necesarios para ser la protagonista de su propio futuro, con la audacia característica del carácter emprendedor de sus gentes, con el apoyo de las administraciones y con la complicidad de las demás ciudades andaluzas, para las que las potencialidades que pueda acumular Málaga siempre serán una fortaleza de las que poder obtener beneficios, nunca una debilidad.
Un cordobés de nacimiento y malagueño de corazón, al igual que yo aunque mucho más brillante, dijo en una ocasión que el gran problema de Málaga era la actitud quejumbrosa y acomplejada de algunos de sus dirigentes, una actitud que les impedía tener una visión ambiciosa de la ciudad y hacia donde debía ir.
No es que Málaga no se merezca ser la Capital Cultural de Europa en 2016, es que su alcalde carece de legitimidad para reclamar las posibles inversiones derivadas de la discriminación positiva que supondría la organización de un evento singular como la Capitalidad Cultural. Más que nada por el manido discurso del agravio comparativo y por el pesimismo que contagia.
Por lo demás sería feliz si cualquiera de las dos ciudades, Córdoba o Málaga, resultase designada Capital Europea de la Cultura en 2016. No podría ser de otra manera.

domingo, 21 de marzo de 2010

El Pacto de los Lobos


Hay días en los que hay que esforzarse para impedir que sean el hastío y la indignación quienes ordenen las ideas sobre la pantalla del ordenador. Es mejor prepararse una infusión y reprimir un poco el ánimo, dejando que salgan a la superficie solo los enunciados desprovistos de adjetivos, de valoraciones, de intencionalidad en resumen. Aunque lo hagan de manera desordenada, incluso dispersa. Cuando el estado de ánimo te tiraniza a escribir con las tripas, siempre es preferible tamizar las ideas para que queden atrás las intenciones y fluyan hacia el papel solo los hechos y sus circunstancias.
Durante estos últimos diez días, la prensa de alcanfor ha vapuleado a un diputado socialista de la Diputación de Córdoba hasta la extenuación, la de la prensa de alcanfor. Le ha vapuleado un día tras otro, con dobles páginas, con fotografías a cinco columnas y con gran despliegue tipográfico, que dirían los cursis. Le han vapuleado a cuentas de la adquisición de una vivienda de VPO, después de haber demostrado que la compra fue legal, después de que lo haya explicado ante la organización política a la que pertenece, ante los ciudadanos de su pueblo y sus concejales, ante el Pleno de la Diputación y ante los medios de comunicación. Y le han seguido vapuleando después de haber afirmado que se pondrá a disposición de la administración autonómica y que acatará la decisión que adopte. Lo ha vapuleado de tal forma que soy incapaz de encontrar una referencia similar respecto a la relación causa-efecto. Para que se me entienda, ni un asesino en serie hubiese tenido ese “despliegue tipográfico”.
En la misma semana un dirigente popular cordobés es acusado, probablemente como consecuencia de lo anterior, de tener fijada su residencia en suelo rústico no urbanizable. Y la prensa de alcanfor despacha el tema con apenas dos columnas, a pesar de que entre los espontáneos que saltan a la “arena mediática” para defender al popular se afirma que cuando el susodicho adquirió la vivienda lo hizo de buena fe, esto es, en la seguridad de que más adelante sería urbanizable (¿presunta información privilegiada?, o mas bien, ¿presunta especulación?). Definitivamente el susodicho debería pedirle muy sinceramente a sus “amigos” que no le ayuden más.
Leo en la prensa de alcanfor que Flores “ni ha dimitido, ni se lo han pedido ni lo hará, pese a la unanimidad de la opinión pública en censurarle sus irregularidades”. Vamos, que en 2010 la prensa de alcanfor, o la pluma que lo escribe, es la voz unánime de la sociedad. Ni de coña, afortunadamente.
En la misma edición, un artículo de opinión en el que se puede leer a propósito del nuevo obispo de Córdoba, “esta ciudad necesita un líder social como el agua. No una aparente referencia construida por la argamasa de la subvención pública y cimentada en los pilares de la política, el sindicato o el lobby económico. Con la palabrería del discurso políticamente correcto”.(El pastor y su rebaño, ABC de Córdoba, domingo 21 de marzo de 2010, Pag. 13). Más adelante y en el mismo artículo “Una ciudad a la que le falta un salto cualitativo, más de un hervor; pero es incapaz de cerrar algunas fallas convertidas en lastre penitente”. Un poco más adelante, “Lo hemos subrayado en este periódico varias veces: se buscan líderes políticos, económicos, empresariales, talentos y personas blancas, trasparentes, sin cuentas pendientes ni intereses bastardos. Queremos gente que mire por el interés general, no batracios y carroñeros”.
La prensa de alcanfor regala los fines de semana un DVD. Esta semana la peli era El Pacto de los Lobos, un buen ejemplo de cómo el cine europeo también puede ser comercial, en ella una sociedad secreta católica formada por los herederos del poder más rancio intentan aniquilar los primeros brotes del humanismo, el enciclopedismo y la razón que conducirán a la sociedad moderna. Pues de eso iba este post, del pacto de los lobos.

martes, 23 de febrero de 2010

El supositorio



Nadie sirve de manera absoluta para nada, como mínimo sirve de mal ejemplo. Recuerdo haber leído esta frase que, en su momento, me sorprendió por su contundencia, por su aparente contradicción y por el paradigma científico que encierra y que establece la utilidad de todas las cosas y de todos los seres que habitan el universo, incluido Aznar.
Me imagino a todas las madres de este país ilustrando a sus hijos con el ex-presidente del gobierno como ejemplo “¿Ves a ese señor maleducado como pone los pies sobre la mesa?, pues eso no se hace”; o bien, “hijo poner el dedo de esa forma como hace ese señor con corbata es de muy mala educación”.
La verdad es que no somos capaces de apreciar en toda su amplitud la utilidad de un ex-presidente del gobierno maleducado y eso que todavía no le hemos visto dejar a un lado la verdura, hablar con la boca llena o estornudar sin ponerse el pañuelo en la nariz. Porque no puede ser lo mismo que yo me hurgue en la nariz, a que lo haga Aznar. Eminentemente porque mientras yo paso desapercibido, él ocupará páginas impresas de los diarios de tirada nacional y prolongados comentarios de contertulios de radios y televisiones. Decididamente Aznar, como mal ejemplo, puede contribuir muchísimo más que yo a la educación de nuestros hijos.
O “a lo mojó” es que no hace esas cosas y simplemente quiere parecer llano y vulgar, confundirse con el gentío, tal vez aparecer mundano, ordinario y, por tanto, asequible y cercano. En cualquier caso debería hacérselo mirar, más que nada porque, más allá de tratarse de un ejercicio de cercanía, corremos el riesgo de verle tirar hacia arriba de los calzoncillos a Tony Blair, lavantarle la falda a la mismísima Bruni o ponerle la zancadilla a la Reina de Inglaterra, en el caso de que a algún “cerebro” se le ocurra invitarlo a algún foro internacional de "ex-loquesea". Hay que controlar seriamente la agenda de Aznar, no vaya a ser que alguna de sus simpáticas travesuras genere un conflicto internacional.
Hasta ahora la imagen del maleducado o del gamberro estaba asociado a la inmadurez, baja capacidad adquisitiva e ínfimo nivel intelectual. Pues bien, Aznar ha roto los patrones y si bien es cierto que el episodio del dedo respondía a una provocación de la “chusma estudiantil”, también lo es que no estamos hablando de cualquier dedo, sino de un dedo ex-presidencial, orgulloso de mostrarse enhiesto y desafiante: un dedo sólo ante el abucheo, o peor que eso, ante la madre de todos los abucheos, un dedo español y de bien, como debe ser.
El caso es que debo confesar que Aznar me empieza a resultar simpático (reconozco que mis Gremlims preferidos son los que han tomado un buen baño después de una copiosa cena, los otros me parecen un poco ñoños) y que, a partir de lo del dedo, lo he incluido en la categoría de mis pícaros entrañables. Míralo que gracioso con su dedito.
No quisiera terminar esta reflexión sin aportar mi contribución personal a los numerosos intentos de definir el gesto, que estos días se han multiplicado por los medios de comunicación. Se le ha llamado peineta, pero en tanto es un gesto adoptado de la cultura anglosajona entiendo que la denominación está, un tanto, artificialmente traída; también se le ha denominado peseta, pero quiero recordar que ésta se hacía con el dedo índice, y era una especie de burla infantil, como de primera comunión, así que tampoco la veo acertada. En mi opinión, la definición más aproximada sería de la supositorio: esto se lo mete usted por el culo. Lo dicho, un dedo español y de bien, como debe ser. Vale.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Necrológicas y hagiografías


Escribía hace pocos días Enric González en El País sobre la tradición del periodismo de necrológicas que existe en otros países como el Reino Unido. Hablaba en su artículo el redactor de la consideración que en la redacción tenían los autores que se dedican a este tipo de reseñas. En alguna ocasión ha caído en mis manos una necrológica audaz, escrita con humor, con ironía, con amor, con admiración y hasta con mala leche. En España, por regla general, siempre se escribe bien de los muertos y más que una necrológica, lo que a veces leemos son hagiografías.
Hace unos días me tropecé con una de esas hagiografías falsas como los billetes de 30 Euros. Hablaba de virtudes desconocidas por el individuo y de ocupaciones inexistentes, “colaborador de este periódico” decía, lo que no decía es que sus colaboraciones aparecían religiosamente en la época de la prensa del movimiento y que más recientemente esas “colaboraciones” no eran más que cartas al director que destilaban la moral casposa que los supervivientes del tardofranquismo católico tienen sobre los usos y costumbres de nuestros tiempos. También hablaba la hagiografía del don de gentes del fulano así como del esfuerzo y la entrega presentes a lo largo de toda su carrera profesional.
El fulano del que hablo pertenecía a la plantilla del colegio al que asistí cuando niño. Afirmar que fue mi maestro es un reconocimiento al que no me voy a prestar por lo gratuito de la afirmación. Era un tipo bajito, con bigote recortado, el pelo engomado sin raya y peinado hacia atrás, que andaba siempre muy deprisa con un paso corto, casi ridículo y una mala hostia de catálogo excepcional. Su máxima aspiración docente giraba en torno a inculcarnos aspectos biográficos de dos o tres personajes históricos o no, a saber: Don Pelayo, Guzmán el Bueno y el General Moscardó.
Este fulano se desesperaba cuando algún alumno no sabía contestar a la pregunta que le había formulado, así iba avanzando la clase y preguntando a un alumno tras otro. Hasta que llegaba un momento en el que su exasperación le hacía saltar de su sillón como si éste tuviese un resorte, abalanzándose sobre el tercer o cuarto alumno que no había podido responder. Le empujaba contra la pared, le abofeteaba y le gritaba como un energúmeno. En una ocasión empujó y tiró al suelo a uno de los niños pateándolo y gritándole “rojo de mierda”. Obviamente, incluso en 1973 era complicado que un niño de 10 u 11 años supiese lo que era un “rojo de mierda”, “hijo de roja” o cualquiera otra lindeza con la que solía increparnos Don Fulano.
Nunca hubo quejas de los padres. Tan sólo en una ocasión una madre se atrevió a plantarle cara a Don Fulano, que tuvo la desfachatez de responderle que el niño le había llamado hijo de puta. Falso como el mismo billete de 30 Euros.
Debo reconocer que me libré de aquél trato docente personalizado porque el miedo es un incentivo intelectual incomparable (recuerdo que me gané un sobresaliente a cuentas del episodio del oso que almorzó con Don Fabila, o quizás fue a Don Fabila). De lo que no me libraba era de una especie de gracia con la que nos obsequiaba las mañanas de invierno más frías y que consistía en golpearnos con una regla de madera sobre la yema de los dedos, para entrar en calor más que nada.
Unos años después, como quince o diecisiete, volví a encontrarme con el fulano. Esperaba en los pasillos del colegio a uno de los profesores con el que tenía que hablar en los veinte minutos de descanso. De pronto se abrió una puerta y Don Fulano salió empujando a un alumno de unos 10 años, le abofeteaba la nuca mientras el chico se protegía como podía. Conseguí apartarle del niño y discutimos, pero no lo denuncié.
Por omisión cometí una injusticia que todavía no he conseguido olvidar. Sobre todo porque cuando tenía 10 años habría agradecido que alguien hubiese denunciado al individuo. Aunque soy consciente de que la denuncia, la de mi época, no habría llegado a ninguna parte. Hay que tener en cuenta que aquello no era un colegio público, era un colegio nacional, conceptos totalmente diferentes. A pesar de que se trataba de los últimos años del franquismo, a las nueve de la mañana se rezaba en formación, los viernes a las cinco se cantaba el Cara al Sol y los sábados se iba a misa, también en formación. Con todo, lo peor de aquellos años fue el miedo con el que asistí al colegio durante los dos años en los que coincidí con Don Fulano.
La cultura mediterránea ha implantado, a lo largo de los siglos, una curiosa relación entre vivos y muertos: siempre me ha resultado llamativo el colorido con el que se celebra el día de los difuntos, una costumbre que en México ha alcanzado cotas delirantes y que Lowry retrató con todo detalle en “Bajo el volcán”, una de mis lecturas recurrentes.
Existen culturas en las que no se nombra a los muertos, otras en las que el color del luto es el blanco. En la cultura mediterránea, la máxima es que debe hablarse bien de los muertos, como decía antes.
A estas alturas tengo, en relación a este tema, dos cosas claras, una que hablar bien de los muertos hace más doloroso el recuerdo de las tropelías que cometieron cuando estaban vivos, la otra que hablar en sus justos términos de este muerto no hace que el pasado cambie, pero ayuda a restañar las cicatrices de los malos recuerdos que provocan las hagiografías inmerecidas.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Una más sobre Gurtel y Sitel, junto a una pequeña dispersión


Algo huele a podrido en la actitud que el Partido Popular mantiene respecto al asunto Sitel, el sistema de escuchas telefónicas adoptado por Alvarez Cascos cuando el PP gobernaba y del que el resto de los mortales desconocíamos su existencia hasta que el caso Gurtel lo ha sacado a la superficie. ¿Vale todo en política? ¿Es legítimo poner en duda la independencia y profesionalidad de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado por un puñado de votos? Bueno, a ambas preguntas la respuesta es dolorosa aunque sencilla: vale todo para determinadas formaciones políticas y si no, ahí están las declaraciones de dirigentes del PP sobre el secuestro del Alakrana o la actitud que esos mismos dirigentes mantiene en relación a la crisis económica, “las medidas que el gobierno articula son ineficaces y las mías no pero no estoy dispuesto a contarles cuáles son las mías”.
Vaya por delante que no estoy de acuerdo con la adopción de decisiones que implican el seguimiento de la ciudadanía, a través de las nuevas tecnologías como sistemas de video en nuestras calles, escuchas telefónicas o los trazadores de acceso a la red de manera que sea posible establecer y demostrar la posible comisión de un delito, como si el estado se constituyese en un gran hermano, en actitud de permanente vigilancia y celo para evitar que nos alejemos de la senda del bien.
En un extremo se encuentra el estado de derecho y el derecho a la presunción de inocencia como garantía de la legalidad del comportamiento del estado, en el otro la definición de la guerra preventiva, por ejemplo, como herramienta para preservar el modelo de vida de occidente y los valores de libertad íntimamente ligados a ese modelo de vida.
En medio de todo eso, la virtud del sentido común. Si empresas privadas como Microsoft o Google tienen suficiente información sobre cada uno de nosotros como para dirigir su línea de producción y marketing en ese sentido, ¿Porqué no dirigir esa información para prevenir de un posible delito o para establecer su demostración, o para prevenir a las posibles víctimas e incluso evitarlas?. La respuesta está en la regulación que de esas medidas se haga. Y en eso estoy de acuerdo con el Partido Popular, no en que sean los jueces los que autoricen su uso, pero sí en que tengan conocimiento para velar porque éste no se pervierta, no genere la tentación del Gran Hermano.
Dicho esto ¿Porqué al PP le parece ahora el dichoso sistema de escuchas telefónicas tan perverso y cuando lo adoptó no? ¿Hay algo más del caso Gurtel que todavía no sabemos? Si esta pataleta del PP sobre el Sitel tiene que ver con un asunto de bragueta reconozco que me trae al fresco y que prefiero seguir sin saberlo, pero si tiene algo que ver con los impuestos que he pagado y con a donde han ido a parar exijo que se sepa cuanto antes.
Y para finalizar, en relación al uso de bienes públicos en fines privados, la pequeña dispersión. El día en que se casó Cascos, una de las veces que lo hizo, me encontraba en Córdoba. Las principales arterias de la ciudad estaban cortadas y los cruces tomados por los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado en una perfecta coordinación entre ayuntamiento, regido por el Popular Rafael Merino y el gobierno del que era miembro el propio Alvárez Cascos. No creo que aquello fuese un acto de estado, lo mismo que no lo fue la boda de la niña en El Escorial y sin embargo hubo que tragársela a través de la televisión que todos pagamos con nuestros impuestos.
Me asalta una terrible duda: la de si el Gobierno de Aznar adquirió el sistema de escuchas telefónicas con los fines de los que ahora acusa a Rubalcaba. La sabiduría popular define esa actitud con una sentencia concluyente: “Piensa el ladrón...”.

domingo, 25 de octubre de 2009

Coherencia


Leo en un diario de la prensa provincial que el presidente de los populares cordobeses ha despachado las cifras que arrojaba la Encuesta de Población Activa con la “mala follá” que les achacamos a los granadinos, pero que los cordobeses bordamos cuando nos sale la vena “ceniza”. Jose Antonio Nieto ha dicho que “los brotes verdes se secaron hace tiempo y lo peor está por venir”. No se ha lamentado por quienes padecen esas cifras en primera persona y jamás ha aportado una sola visión o solución para paliar los efectos de la crisis en las economías familiares cordobesas. Abunda eso sí haciendo hincapié en que los datos de la EPA se producen cuando las obras anticrisis debían haber hecho efecto en sentido contrario.
Se alegra en definitiva, el presidente de los populares cordobeses, de que las cifras del desempleo aumenten, de que la gente lo esté pasando mal y espera que todo vaya a peor para cuando se presente a las elecciones a la alcaldía de Córdoba en 2011. Eso sin llegar a entender que el éxito propio no sólo depende de los fracasos ajenos, en este caso, también de las desgracias, sino de las necesarias “simpatías” que debería ir generando en su entorno. Por mucho marketing, vallas publicitarias y publicidad en prensa que te pague el partido.
Reconozco que pocas simpatías, al menos la mía, puede suscitar cuando desde su mirada torva e interesada “grazna” lo de que los brotes verdes se han secado y lo peor está aun por venir. Prefiero a los optimistas. En estos tiempos que corren es más inteligente la actitud de los pinguinos del anuncio que quieren volar que el oscuro horizonte que nos pintan últimamente las gaviotas.
Y en estas estaba cuando leo ayer que José Antonio Nieto fue sancionado por el Banco de España, inhabilitándolo para ejercer cargo alguno en cualquier Caja. Si esto hubiese ocurrido en Estados Unidos, por ejemplo, Nieto tendría que haber abandonado la política en el mismo momento en que fue inhabilitado. Aquí Nieto no ha dado una sola explicación, Nieto ha criticado la “catadura moral” de quien ha hecho pública su inhabilitación. Pero lo peor es que el Banco de España se posicionaba sobre las prácticas de riesgo que la entidad financiera había llevado a cabo, haciendo responsable de éstas a su consejo de administración, es decir la madre del borrego de la actual crisis económica y la causa directa de que cada vez más familias enteras engrosen las cifras del paro.
Por coherencia Nieto debería permanecer en silencio cuando en otra ocasión le pidan su opinión sobre la EPA, aunque descienda.
La mía, mi coherencia, me exige estar satisfecho con los impuestos que pago y que, con ellos, se financien las obras anticrisis y los fondos de garantía financieros, y además poder decirle a Nieto que la próxima vez, al menos, permanezca callado. Por coherencia.