miércoles, 1 de mayo de 2013

Mariano, estás despedido


Las Empresas no tienen paciencia ninguna con sus directivos. Si la cuenta de resultados no le satisface al Consejo de Administración, el Consejero Delegado y el Gerente van a la calle. Si Hacen una campaña publicitaria que no aumenta las ventas, el de marketing y publicidad se van a contar frailes. Si compran componentes en mal estado o mas caros que los que puede suministrar otra empresa, el de logística va al paro. Y eso sin necesidad de ninguna crisis. En tiempos de bonanza empresarial ya se despedía a directivos en el sector privado por manifiesta incompetencia. Parece lógico.

Imagínese una multinacional que hace año y pico cambió al Consejero Delegado. Que ese Consejero Delegado o gerente presentó un plan de expansión para la empresa, dado que los efectos de la crisis había mermado la capacidad de producción. Y que un año y pico después aun no ha cumplido una sola de las propuestas que presentó al Consejo de Administración para aumentar la producción. Imagine que desembarcó con un equipo que, según él, tenia una preparación y una experiencia reputadísimas para sacar a la empresa del bache en el que la había dejado el anterior Consejero Delegado. Imagine también que ha resultado que todos esos probados expertos fueron responsables, desde la competencia, de algunos de los males que ahora padece la empresa. Imagine que la empresa sigue reduciendo la producción y despidiendo a trabajadores, que es una relación lógica por otra parte, y que el Consejero Delegado no aparece para explicar al Consejo de Administración porqué sigue despidiendo gente si con eso lo único que ocurre es que producen aun menos. Imagínese que cuando explica algo no lo hace en persona, sino que manda a algún subordinado que, dibujando una sonrisa estúpida, repite una y otra vez que la culpa sigue siendo del anterior Consejero Delegado, al que echó el Consejo de Administración hace año y medio. Que, con todo, los datos del anterior Consejero Delegado eran mejores que los del actual. Imagínese que cada vez que esa empresa despide gente, sus trabajadores ganan menos porque tienen que soportar la indemnización que hay que pagar a los que se despide. Imagine que de la gente que se ha despedido ya de la empresa, a unos se les ha acabado la indemnización y ya no tienen para comer, a los otros dificilmente les llega con la miserable indemnización para llegar a final de mes. Siga imaginando que el Consejero Delegado viaja continuamente para pedir consejo y seguir las indicaciones que le dan los consejeros delegados de otras empresas de la competencia, a las que por otra parte les va mejor que a la de nuestro Consejero Delegado.

Imagínese, para ir finalizando, que usted y yo somos miembros de ese Consejo de Administración. ¿No cree que deberíamos despedir a este incompetente y a toda la caterva de aduladores cejijuntos con sonrisa estúpida y voz ridícula que le acompañan?

miércoles, 17 de abril de 2013

Como pollos sin cabeza

En el ejército, sobre todo los primeros días de instrucción era habitual que, a cualquier voz de cambio de dirección, la tropa se hiciera un lío y cada uno saliese andando para donde dios le dio a entender, a diferentes velocidades, con el pie izquierdo o con el derecho. La única manera de volver a la disciplina era ordenar parar, e inmediatamente descanso. Luego, una breve explicación de lo que se iba a hacer, alguna reprimenda generalizada y vuelta a empezar. Al cuarto o quinto intento, la cosa solía salir bien.

En el PSOE, estos días, alguien debería ordenar alto y descanso. Porque está claro que el paso de la oposición no lo sabemos llevar y sálvese quien pueda. Si hace años alguien dijo que gobernábamos como los ángeles pero lo contábamos de puta pena, en estos días, la evidencia es que cada socialista, en cada territorio, va por su lado como pollo sin cabeza. Léase Ponferrada, o PSC, o ERE, o más cerca Naves de Colecor.

Hay pueblos de esta Andalucía nuestra del cogobierno entre el PSOE e IU en los que el alcalde y el portavoz de la oposición se ven la cara más en los juzgados que en las comisiones informativas y los plenos de su ayuntamiento. No hay gabinete de prensa de partido político que se precie que no cuente con un tonto tecnológico de dedos vertiginosos capaz de enviar 1000 twits en una hora sobre lo cazurro que es el líder de la oposición y otros mil sobre lo bien que le funciona el tracto intestinal, sobre todo desde que siguió el consejo de Carmen Macci y toma un Activia al día. Eso sí, en su perfil de Linkdln tampoco falta el glorioso epígrafe de “Experto en comunicación política”, al que debería añadir “y en tractos intestinales”.

Esto ya se ha dicho antes. Pero tampoco faltan los otrora aduladores vocacionales y profesionales hoy reconvertidos en paladines de la renovación socialista ¿De cuál? No importa, de cualquiera en la que se me permita poder seguir adulando a alguien, y cobrar 60.000 euracos, pero por dios que esto cambie ya.

En una entrevista a un alcalde que publicaba hace pocos días un diario provincial se podían leer algunas perlas impagables, “si el gobierno (el de la nación) no le pone fecha a la estación lo haremos nosotros”, pero nadie tiene la decencia de decir que ese tren no irá a ninguna parte porque no se va a usar; otra, “el PSOE necesita a alguien con las características de Griñán y Pérez Rubalcaba no las tiene", sin duda es la opinión docta de un experto en características para el liderazgo; la última, “ser alcalde es más complicado de lo que yo pensaba”, haber empezado por ahí hombre.

Escribo esto porque yo también estoy indignado. Porque no es posible que un gobierno de derechas desmantele el estado del bienestar, condene a miles de personas a la emigración, recorte derechos laborales, acabe con la sanidad y la educación públicas, fulmine ayuntamientos y privatice más servicios públicos y establezca el nivel de parados en cinco millones de personas. Y mientras tanto en el PSOE cada pollo intente encontrar su cabeza.

Un mes antes de las elecciones generales de 2011 asistí a un acto en el que intervenía Felipe González. Expuso su análisis sobre la situación económica y sus desvelos al frente del grupo de expertos que debían aconsejar a los jefes de estado europeos soluciones a este desastre, (el económico). Como colofón lanzó una pregunta que ni él ni nadie contestó, que entendí en un sentido y que ahora ha tomado otro inquietantemente premonitor ¿Para qué queremos gobernar? En el mismo lugar pero veinte años antes tuve la oportunidad de decir que la generación del PSOE que participó en la transición había hecho un elogiable trabajo de modernización en este país y, sobre todo en Andalucía, pero era imposible que tuviesen las claves para dar con las soluciones a los problemas de nuestra sociedad en aquellos momentos. Bien, ya han pasado 35 años desde que murió el dictador, y algunas caras del socialismo se han mantenido desde entonces.

Ya no existen liderazgos, ni relevancias siquiera; no hay el más mínimo destello de brillantez retórica en los parlamentos; los escribientes de discursos cobran por el papel que producen al peso; la docilidad y la adulación son méritos sólidos para prosperar; hay candidatos más que amortizados que se cuidan muy mucho de mantener las proporciones aritméticas en sus entornos, en el vértice: los deudos; y en la base: la familia. “Ah, la familia”, que diría Don Corleone.

Mientras tanto, la gente sigue perdiendo su puesto de trabajo. Dos veces en semana veo una larga fila de personas que esperan que una entidad caritativa reparta fruta y verdura para aguantar hasta el próximo reparto. Y sin embargo, en estos momentos, me preocupa más el desorden y la falta de higiene en el PSOE que la velocidad terminal con la que el PP desmantela el estado a golpe de Decreto-Ley. Porque hasta que los socialistas no nos rearmemos ideológicamente y presentemos una posición sólida, con caras frescas realmente representativas de la sociedad, no tendremos capacidad de respuesta y continuaremos estrellándonos contra el muro del neoconservadurismo, pero cada vez con menos herramientas y menos fuerzas.

Y sí, estoy completamente convencido de que debe haber dimisiones en el PP, en el PSOE y hasta en la Casa Real. Porque no es posible que Barcenas, Gurtel, los ERE, el caso NOOS o las dietas y sobresueldos de algunos se estén llevando por delante el crédito moral de la mayor parte de quienes se dedican a la política y la credibilidad del propio sistema democrático.

Mucha gente en el PSOE sabe para qué hay que ganar las elecciones y gobernar, yo también. Pero antes hay otro tiempo, el de recuperar la identidad y los valores y reconciliarse con la sociedad; el de ser coherentes y honrados con nosotros mismos. Es el momento de mandar parar y acabar con tanto despropósito y decirle a alguna gente que cuando iniciemos el paso no es preciso que nos acompañe.

lunes, 23 de julio de 2012

Hasta el próximo Consejo de Ministros

La derecha española es rancia en sus valores morales y ultraliberal hasta la extenuación en los económicos. Había otra derecha posible, pero venció ésta. Arquitectónicamente la pensó Fraga y la culminó Aznar. Rajoy no es más que un laborioso obrero de esta gran obra que ellos llevan impresa a fuego en su ideario y a la que cada Consejo de Ministros da forma a golpe de Real Decreto Ley. Cuando se les ocurrió la campaña de promoción de la marca España, artísticamente, pensaban en otro Velázquez con banderas, petos, espaldares, cascos, guanteletes, rendición de lanzas y genuflexiones incluidas y un sol de esos que no se ponen en todo el imperio español. Y no les está saliendo más que una composición digna de Paco Porras. Desde que aprobamos la Constitución y hasta hoy, los españoles nos hemos dotado de una estructura fiscal que alimentase lo que hemos venido en llamar el estado del bienestar. Ponerle a las cosas un nombre es malo, porque las dota de un carácter singular, cuando el llamado estado del bienestar debía ser la normalidad. Pero ya está todo dinamitado y no es reversible. Cuando un jarrón se rompe es posible volver a pegarlo pero seguro que faltará algún trozo y, lo que es más importante, nunca más servirá para contener agua. Los socialistas han/hemos sido incapaces de explicar las bondades de las políticas fiscales y su repercusión en los servicios públicos. No hay nada más irracional que un empleado público quejándose de la presión fiscal y en este país hemos visto hacerlo a miles sin que nadie le respondiese que lo verdaderamente importante eran los servicios que prestaban. Claro que son importantes los funcionarios, pero nadie explicó donde residía la importancia. Ahora es tarde ¿Otro error de comunicación o trastorno de la personalidad? Falta de capacidad pedagógica exclusivamente. Ahora vamos a pagar más impuestos para poder devolver el dinero que Europa nos ha prestado para sanear el sistema financiero y de paso contener a la insaciable prima de riesgo. Pero es que yo no quiero pagar impuestos para eso. Quiero pagar impuestos para que mis hijos y los de todos tengan derecho a una educación de calidad, quiero tener y que todos tengamos hospitales que estén a la vanguardia de la investigación y que sean eficaces en los tratamientos de curación, quiero circular y que todos circulemos por carreteras que sean seguras y que ahorren dinero, tiempo y vidas. Quiero seguir teniendo lo que he tenido hasta ahora y pagar todos los impuestos necesarios para que eso siga siendo posible. Pero la realidad es otra. A partir de ahora pagaré más impuestos y solo servirán para que el banco al que sigo pagando la hipoteca deje de tener problemas de liquidez y de paso contener la prima de riesgo. Por el momento puedo seguir pagando los impuestos y la hipoteca. Pero todo puede cambiar, depende del próximo Consejo de Ministros.

lunes, 9 de julio de 2012

Hacia el pensamiento único

La reforma que el Gobierno plantea para que las diputaciones asuman las competencias de los pequeños ayuntamientos y para acabar con las mancomunidades, no es más que el penúltimo aviso de que nos dirigimos hacia el pensamiento único. Tanto el Gobierno como sus portavoces han venido usando varios argumentos perversos en este tema. Uno, que se ahorra al eliminar duplicidades de funciones entre diputaciones y mancomunidades. Falso. Porque no existen funciones duplicadas, las de las diputaciones están definidas por la ley, las de las mancomunidades son aquéllas que corresponden a los ayuntamientos, también definidas por la ley, y que estos han encomendado, a su vez, a las mancomunidades; y porque los alcaldes y alcaldesas tienen el necesario sentido común como para no pagar en su mancomunidad por un servicio que, supuestamente, le garantiza la Diputación. Dos, se eliminarán cargos políticos. Falso. Se eliminan puestos de trabajo. No hay una mancomunidad de Córdoba en la que los políticos perciban remuneración. Durante el último año, algunas mancomunidades han certificado su defunción ante la asfixia económica a la que la han sometido otras administraciones. Otras han llevado a cabo profundas reformas de su régimen económico, estatutos o carta de servicios para aquilatar su utilidad para los ayuntamientos. La de la Campiña Sur se encuentra en ambas situaciones, con la salvedad de que es más lo que las administraciones le deben que lo que ella adeuda. ¿Pero qué utilidad quiere dar el PP a las diputaciones? Hace unos meses, la diputada provincial de Turismo cordobesa exponía que el Patronato Provincial de Turismo unía su esfuerzo a la Oficina Municipal de Turismo para optimizar los recursos económicos y garantizar una mejor presencia en eventos internacionales. Algunos de nuestros elementos de proyección, como la Mezquita o los patios deben promocionarse en escaparates como la ITB o la World Travell Market. Dudo que esas ferias internacionales sirvan para promocionar la Casa del Inca o las cisternas de Monturque. Los informes profesionales dicen que el 70% de los flujos turísticos se producen desde un entorno inferior a cien kilómetros de radio. Luego la supuesta unión de esfuerzos se va a emplear en promocionar a la ciudad de Córdoba. La Diputación también está presente desde hace unos meses en el Jardín Botánico de la capital, sufraga los gastos de un estudio sobre el uso lúdico del centro de la ciudad por los jóvenes o analiza la eficiencia energética de los edificios municipales. Por otra parte, el mayor nivel de endeudamiento municipal en nuestro país lo aportan las grandes ciudades; luego, el plan del gobierno para dinamizar las diputaciones pasa porque se constituyan en pilares de apoyo económico para esos endeudados grandes ayuntamientos. Con todo, la reforma municipal tiene dos perfiles aún más oscuros. El Gobierno del PP quitará los servicios de aquellos ayuntamientos que no puedan garantizar su prestación y los pondrá en manos de las diputaciones. Y reconoce que habrá diputaciones que podrán poner estos servicios en manos de empresas privadas. Esto es, se destruirá empleo público a cambio de salarios precarios y gestión privada. Dos. Y aquí viene la consecuencia de verdadero calado. Una vez desprovistos de competencias los pequeños ayuntamientos, puede entenderse que los ciudadanos perderán el interés electoral dado que sus representantes municipales tendrán poco o nada que gestionar. La consecuencia de un retroceso de la participación electoral en el ámbito rural es más que evidente. ¿Es necesario decir a quien beneficiará esa baja participación? Cuando la aprobación de una norma afecte al título primero de la Constitución, al régimen de las comunidades autónomas o al procedimiento electoral, deberá modificarse previamente la Constitución. Tengo la opinión de que la medida de eliminar mancomunidades y competencias de ayuntamientos atentará contra la propia médula de la Constitución; porque afectará a los ayuntamientos como estructura básica del Estado, a su autonomía y a la capacidad de unirse libremente para la prestación de servicios en estructuras diferentes a la provincia; porque lesionará los derechos de los ciudadanos: ya no todos serán iguales para acceder a las oportunidades en función de su lugar de residencia; porque atentará contra el régimen y el ordenamiento normativo de las comunidades autónomas y porque tendrá consecuencias en la propia estructura electoral de nuestro país. Es el silencio de los corderos. Ahora sí caminamos hacia el pensamiento único, y nadie dice mu.

martes, 31 de enero de 2012

In memoriam


A veces se producen hechos singulares, al margen de las chorradas entrecomilladas al político local de medio pelo y que habitualmente aparecen en la prensa sobre la Copa Davis, sobre si defiende más o menos al comercio local, sobre si es o no partidario de peatonalizar la calle principal del pueblo, sobre el escaso grado de cordobesismo del adversario o sobre la deslealtad de sus acciones para esta Córdoba de nuestras entrañas. Al margen digo de todo eso, a veces, se producen hechos que te reconcilian con la política, con los políticos, con las instituciones. Que me reconcilian conmigo mismo y con lo que hago aquí. Esta mañana once alcaldes de tres partidos políticos diferentes se han puesto de acuerdo en la defensa de un interés común y en la de un puñado de trabajadores. Por eso estoy en política porque creo que es la única forma posible de solucionar los problemas de la sociedad, argumentando, negociando, dialogando y articulando las decisiones adoptadas.
Soy de izquierdas por trayectoria personal y no sé si incluso por motivos genéticos el caso es que aquí siempre ha habido dos clases de gente y entonces yo ya era de la clase de los pobres. Mi interés por la cosa pública me sobrevino porque en mi casa, a veces también, había dificultad para pagar el recibo del agua, 150 pesetas creo. Sé que es un principio que debería hacerme mirar, pero desde entonces me preocupa enormemente como y en qué se gastan las putas 150 pesetas. Más tarde hice campaña en contra de la OTAN y conforme participaba en actos iba entendiendo que no es posible cambiar el mundo en solitario sino que tienes que aliarte con otros y que esas alianzas suelen implicar un coste que hay que entregar siempre que el fin último compense las cesiones previas.
Más tarde asistí a una conferencia sobre la Institución de Libre Enseñanza que Carlos Castilla del Pino pronunció en el Salón de Plenos del ayuntamiento de La Rambla. Otro día, en la Casa del Inca de Montilla asistí a otra conferencia, esta vez era Joaquín Martínez Bjorkman que hacía un apasionado recorrido por los últimos meses de vida de Julián Besteiro. Si la memoria no me traiciona, hace ya más de 25 años de aquello, al final de aquél acto se me acercó uno de los organizadores, Joaquín Casado. La UGT iba a comarcalizarse, los sindicalistas de Montilla pensaban que la sede de la UGT comarcal debía estar en Montilla y pensaron también que yo les podía echar una mano. Había argumentos históricos, Palop Segovia, Zafra Contreras, la Parra Productiva y la propia Casa del Pueblo de Montilla. Y me puse manos a la obra.
Joaquín Casado, Rosa Navarro, Pepe Domínguez, Paco Pulido, Paco Falder, Leonardo Espejo, Luis de la Rosa o Paco Barranco fueron algunos de los montillanos que tan sólo unos meses antes habían recorrido toda la campiña constituyendo estructuras locales del sindicato. Su ayuda y la de Jose Luis Casas, que entonces preparaba un libro sobre los artículos publicados en prensa por Zafra Contreras me bastaron para hilvanar la argumentación en defensa de la sede de la estructura comarcal. Para culminar las cuestiones previas, Joaquín Casado se encargó de tramitar mi afiliación a la UGT.
El día de la Asamblea constituyente me había preparado la intervención como un opositor que debe rendir cuentas ante el tribunal calificador. Montilla fue la única agrupación que defendió su candidatura. Mi entusiasmo solo fue comparable a la profunda decepción que supuso que la sede acabase en otra ciudad. Al final del acto Joaquín me invitó a una copa de vino en el Bar de Zambombilla y me explicó la primera regla de oro, la política es una cuestión de aritmética, y en ocasiones, la solidez de la pasión, de los sentimientos, de los ideales y de las convicciones, de la razón en definitiva no son suficientes. En ocasiones, me dijo, es necesario seguir las reglas del juego para poder cambiarlas. Unos días después pedía la baja en UGT, en la que no he vuelto a militar, y solicitaba mi ingreso en el PSOE. Joaquín Casado era un hombre alegre, un líder social entonces. Miembro de la asociación cultural más dinámica de la ciudad, caranavalero, feriante, católico y, sobre todo, ugetista. Artífice de un buen proyecto empresarial que no triunfó, posiblemente, porque otra crisis lo cercenó cuando apenas empezaba a despegar. En los últimos años a Joaquín Casado se le llenaban los ojos de lágrimas con mucha frecuencia, quiero pensar que de rabia por no haber podido vencer a la aritmética.
Joaquín Casado murió la víspera del congresillo cordobés preparatorio del 38 Congreso Federal. Esa víspera la pasé repasando las enmiendas que había preparado sobre el modelo de partido y el proyecto de estatutos de la ponencia marco que se debatiría al día siguiente en un Congreso al que asistía como mero invitado. Sigo sin aprender la regla de oro.
En esta temporada convulsa que vive el PSOE, los mercenarios y los oportunistas tienen la desfachatez de hablar de honradez y transparencia, los que están por las lentejas (de 70.000 Euros, oiga) hablan de ideas, los recién llegados hablan de valores históricos y los viejos dinosaurios de la obligada regeneración pendiente (siempre que ellos sigan en el candelero, claro está). En estos tiempos convulsos digo, me pareció paradójico que mientras tenía lugar el debate sobre el modelo de partido y los estatutos, los que hablan de ideas, de valores, de honradez, de transparencia y de regeneración evolucionaban por los pasillos en grupos cuchicheantes pergueñando y amasando la aritmética del resultado.
Me fui a la barra, le pedí al tabernero un medio y lo bebí de un trago a la memoria de Joaquín y de todos los Joaquines, de mí mismo incluso. Si eso, ya quedamos un día.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La necesidad de un debate honrado y sin exclusiones en el PSOE


Algunas de las afirmaciones que se oyen estos días son difícilmente entendibles en el convulso tránsito recién iniciado por el PSOE. Cuesta creer, desde mi experiencia personal, que nunca haya existido democracia interna o libertad de expresión. Ya digo que este que suscribe siempre ha dicho lo que pensaba en voz alta. Y vayan por delante algunos ejemplos de mi incontinencia verbal.
En repetidas ocasiones, hace años, dije que el funcionamiento democrático de algunas agrupaciones locales estaba viciado por la endogamia a las que las sometían sus dirigentes locales, enfrentándome, entonces a la dirección socialista local de turno y también a la provincial. Porque, aducía, los socialistas estaban en la calle y no en las agrupaciones locales, al menos no todos. Y soy consciente de que la fuerza del partido socialista reside en sus militantes de base, en quienes nunca han aspirado a un cargo electo y están alejados de la esgrima florentina y los pasillos de los congresos orgánicos.
He sido defensor de las primarias, el censo de simpatizantes y las listas abiertas hasta dejarlo escrito e, incluso, haber asistido como delegado a un congreso regional gracias a esas listas abiertas.
He opinado que Zapatero fue elegido Secretario General mediante un procedimiento de selección adversa, y a pesar de ello su designación fue la del proceso más democrático que ningún otro partido político haya llevado a cabo hasta el momento.
Alguien podría decirme que si “comulgo” tan poco con los procedimientos orgánicos qué narices hago en el PSOE. La explicación es que ideológicamente es en el único partido en el que quiero, puedo y debo militar, porque su objetivo, y el mío, es el de construir una sociedad más justa para las generaciones venideras, y si es posible, también para las actuales.
Claro que hay vicios en su funcionamiento, y cierto grado de voluntarismo, que es una manera eufemística de referirse a la incompetencia. Y claro que existen males en el PSOE, pero no se trata de males generalizados, luego pueden ser corregibles. Es cierto que en alguna agrupación el más revanchista e incompetente mantiene a raya cualquier intento de liderazgo legítimo en defensa de su propio clan. O que el oportunista con el ideario recién aprendido proclame soflamas virtuales a través de las redes sociales, dispuesto a derribar los muros inamovibles construidos supuestamente por las respectivas direcciones para defender sus privilegios por obra y gracia de los mismos dirigentes que ahora les parecen inapropiados.
Lo primera divergencia que mantuve, hace ya más de 20 años, me costó una terrible discusión con compañeros militantes de otra provincia. Mi posición: que la renovación no podía consistir en quítate tú para ponerme yo y que la fuerza del todo residía en la suma de cada una de las individualidades, sin excluir a nadie y que quienes intentábamos defender la renovación interna como herramienta de actualización teníamos en nuestra mano más claves para entender hacia donde se dirigía la sociedad que quienes llevaban ya varios años desempeñando responsabilidades; la de ellos la defensa del “status quo” provincial de aquella época, que es el mismo de ahora. Entonces ya era consciente de mi pertenencia a una de las muchas generaciones perdidas de socialistas a los que el aparato ha taponado y de que mi papel posiblemente consistiera en intentar desbloquear estructuras para que gente más joven y preparada accediese a los círculos de toma de decisiones.
Tampoco es que me haya importado sencillamente porque no he alimentado logros políticos personales, me sigo sintiendo orgulloso de ser militante de base en una agrupación local de una ciudad media como Montilla, una de las agrupaciones locales de la provincia de Córdoba que fundara Francisco Palop Segovia hace ahora más de un siglo y que presidiera Francisco Zafra Contreras. Porque este es un gran partido, en el que caben hasta los excluyentes que reclaman que quienes jamás se han manchado las manos de cola dejen de estar en el poder. Sin saber que cuando se pegan carteles, si eres cuidadoso no te manchas las manos, sin embargo, es inevitable embadurnarse los zapatos.
Hace años unos jóvenes politólogos publicaron un artículo en El País sobre los procesos de selección adversa en los partidos políticos, un texto al que ya he hecho mención en otras muchas ocasiones y que se ha convertido en una referencia sobre los “vicios” de los partidos políticos con el paso del tiempo. (http://www.elpais.com/articulo/espana/seleccion/adversa/partidos/elpeputec/20030704elpepinac_4/Tes), Felix Bayón elogió en su momento la idoneidad del término, al igual que muchos dirigentes socialistas (algunos de manera más pública que otros). Lo que en él se refleja pone de manifiesto que el ánimo de cambiar las cosas y responder a las demandas reales de la sociedad no es consecuencia de la reciente derrota electoral del PSOE ni patrimonio de las voces de rebelión que medran un minuto de gloria en las redes sociales, como si ese solo aspecto aportase en sí un plus de calidad socialista.
De lo anterior valga sólo un ejemplo que no comentaré más allá de lo ilustrativo del caso. En su primer acto con militantes en Andalucía, tras la derrota de las elecciones municipales, Alfredo Pérez Rubalcaba esbozaba qué tipo de campaña haría y aprovechaba para transmitir optimismo a una tropa con las heridas de la batalla municipal todavía por cerrar. En el turno de intervenciones, alguien se deshizo en elogios sobre el procedimiento, la escenificación de aquél acto, lo acertado de la intervención del candidato, la idoneidad de la elección del mismo y no sé cuantos aspectos más sobre la línea iniciada por el PSOE en su esfuerzo por mantener el gobierno. Hace pocos días, el adulador espontáneo, hablaba desde las mismas páginas de El País sobre la necesidad de, ahora sí, llevar a cabo una renovación en profundidad en el Partido Socialista. Lástima que no lo hubiese pedido antes de haber sido propuesto por el PSOE a cargo público, y haberse mantenido en ellos, durante casi tres décadas. Afortunadamente ambas voces, las virtuales y las tipográficas, son minoría en un partido amplio y diverso cuya grandeza reside en la diversidad, en la honradez y en el compromiso del 99 por ciento de sus componentes, los militantes de a pié y los cuadros dirigentes. Y la misma opinión me merecen los militantes y cuadros de otros partidos políticos, ya está bien de encanallar la vida pública.
Tan sólo decir que habremos de tener cuidado porque de lo contrario es posible que el debate lo acabe liderando quien no debe ni por número, ni por argumentos, ni por trayectoria personal.
De las elecciones municipales de mayo salieron derrotados o con pérdida de votos todos los gobierno municipales, de manera independiente a su color político, eso como norma. Y todos sabemos que hay excepciones que confirman la norma. El PSOE ha perdido las elecciones generales porque ha gestionado la crisis (en la misma medida en la que ha afectado a otros partidos europeos con responsabilidades de gobierno en sus respectivos países), en primer lugar, y en menor medida por lo acertado o no de las decisiones adoptadas. Y aun no he visto el debate en el que se hayan puesto sobre la mesa las distintas etapas por las que ha pasado la gestión de la dichosa crisis. Desde las cuestiones keynesianas sobre la inyección de presupuesto en obra pública a las de reducción del déficit. Para más datos, el presidente electo solicita ya la unidad del país para afrontar las medidas que habrá de adoptar casi de forma inmediata.
De todo esto solo cabe colegir que algunos de los debates internos iniciados en las redes sociales y, en menor medida, fuera de ellas tienen algunas características indeseables, además de la falta de representatividad. El primero es el alto contenido de marketing (¿auspiciado por el sector tecnológico del aparato?), ilustrado por cierta estética adoptada desde el movimiento 15-M; el segundo el oportunismo de algunas de las voces ilustradas en la falsedad de las causas de la derrota y en el sinsentido de los portavoces, los mismos otra vez.
El PSOE, a pesar de todos estos defectos que no dejan de ser subjetivos, ha transformado la sociedad en la que vivo con avances sociales, educativos, sanitarios, de infraestructuras. Ahora, y a pesar de la crisis, miramos a nuestros vecinos europeos y esa mirada nos deja constancia de que estamos por encima de muchos de ellos en garantías sociales, en igualdad de derechos, en libertades y en acceso a las oportunidades, y así hay que reconocerlo. Es probable que haya llegado el momento de que una derecha moderna, demócrata y europea (en la seguridad de que la de Aznar no lo fue) pilote la salida de la crisis, porque así lo ha elegido la ciudadanía. Me cuesta más trabajo asumir que en Andalucía ya han culminado las transformaciones necesarias para construir el camino al futuro conjugando progreso y garantías sociales y se me hace complicado entender que esas transformaciones puedan venir de la mano de una derecha comandada por Arenas Bocanegra. Por eso creo que es preciso que siga gobernando el PSOE en Andalucía y que seamos capaces de reconstruir el partido a nivel federal. Por el bien de Andalucía, de España y también de Europa.
Hace falta una transformación porque la sociedad espera de nosotros respuestas, no más debates estériles originados por los mismos que, esgrimiendo más o menos años de militancia piden ahora una renovación profunda desde las posiciones que les ha facilitado el aparato, pero siempre después de llevar años adulando a sus protectores convenientemente. Por mi parte todas las aportaciones son valiosas y tan sólo prescindiría, como he dicho antes de las excluyentes .
Por todo ello es necesario el debate, profundo, sin pausa, participativo y enriquecedor. A ser posible sin empresas de marketing y sin oportunismos moviendo los hilos. Hasta despejar la ecuación hace falta profesionalizar el socialismo. Sustituyamos el voluntarismo, las espadas/plumas de fortuna, el marketing y cierto localismo cateto por el debate de las ideas y del futuro y elijamos líderes con fuerza cuyo firme compromiso social aleje a los partidarios de los entornos aduladores que tanto daño han hecho a la organización. Más que nada porque es más el ruido que la realidad que lo respalda. Seamos honrados con nosotros mismos. Como dijo Felipe, en tiempos de crisis, más partido.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Diario de un ex adicto a las campañas electorales. Preámbulo, la hora 0


Mi nombre es Pepe del Arco y soy adicto a las campañas electorales. Éste pretende ser el cuaderno de bitácora sobre la particular cura de desintoxicación de mi adicción a las campañas electorales. Dada la dependencia patológica a sondeos, argumentarios e indices de audiencia electorales, mi consejero espiritual me ha recomendado que escriba a diario sobre la evolución de la presente campaña electoral. Mas que nada para que este ejercicio me sirva de cura de males y dependencias. Mi intención es, por tanto, escribir un post diario desde el comienzo de la misma. También me han recomendado que lo haga analizando a los dos grandes partidos y que lo describa de forma desapasionada e independiente. De conseguir hacerlo así habré logrado demostrar mi total y satisfactorio restablecimiento.
Es jueves por la noche, intento actuar con una "normalidad" que es del todo ajena a mi forma de comportarme. Veo a los Alcántara, cada vez estoy mas convencido que el personaje de Echanove es hijo de Marcelino, el del bar de "amar en los tiempos de Yupy" (la serie refleja poco la dificultad de aquellos años). Intento disimular que a las 12 comienza la campaña electoral. No quiero que me afecte. Acaban los Alcántara, empieza "un país para comérselo", que lo hacen el nieto de Marcelino y su colega el otro Alcántara, que al final resultará ser el abuelo del Capitán Kirk. Se trata de una recopilación de imágenes de otros programas, vamos un refrito (y nunca mejor dicho, hay que ver como abusan de los fritos estos dos, mi medico seguro que les diría algo sobre los riesgos del colesterol y esos banquetazos de fritangas que se dan).
Y aquí viene la explicación del refrito. A las doce de la noche televisión española ofrece en directo el inicio de campaña de los diferentes partidos políticos.
Vaya casualidad, un día que me quedo tarde viendo la tele y resulta que estamos en campaña electoral.
¿Como hemos llegado hasta aquí? Para entenderlo mejor es imprescindible ver http://estepaissevaalamierda.wordpress.com/ la pagina de Aleix Saló en la que explica, con un enternecedor vídeo, cómo hemos pasado de la burbuja inmobiliaria a la crisis económica y de ésta al adelanto electoral.
En la calle llueven perros y gatos. En televisión todos los partidos han preparado decorados para representar una pegada de carteles en alguna de sus infinitas variables, a saber: tradicional, virtual, ecológica, económicamente sostenible, a través de redes sociales... vamos que estos tíos no se llenan los zapatos de cola ni de coña.

Los eslóganes.

El Partido Popular ha elegido "súmate al cambio". El término cambio siempre ha dado réditos electorales, representa el espíritu revolucionario que cada uno de nosotros lleva dentro e intenta jugar con la idea de que la opinión de los electores determina el curso de los acontecimientos. Nada mas lejos de la realidad (solo ocurre en el momento de votar).
Por su parte el PSOE ha optado por el más beligerante "Pelea por lo que quieres". Se puede tratar de un guiño a los indignados. Pero no está claro. Claro que teniendo en cuenta que esta vez el candidato es el fontanero de otras convocatorias, debe tener un sentido que se me escapa.

Me voy a la cama. A quien madruga le amanece más temprano.