lunes, 27 de febrero de 2017

Primarias en el PSOE. Instrucciones de uso en caso de intoxicación


Como diría un cursi, llama poderosamente la atención esa reciente afirmación de Pedro Sánchez sobre su retirada de la vida política si pierde el proceso de primarias. ¿Cuántas veces debe perder Pedro Sánchez un proceso electoral para entender el mensaje de que es mejor que se retire? No diré yo que lo haga de la vida política porque su aportación puede que sea necesaria, aunque personalmente desconozco en qué términos puede serlo, pero al menos sí de la primera línea. Su participación en el actual proceso de primarias lo intoxica hasta límites insospechados, entre otros motivos porque aun no se ha profundizado en las sucesivas pérdidas de apoyo electoral y en su responsabilidad directa en las mismas previo flirteo con un Podemos cuyo máximo objetivo era desgastar al PSOE y “enfrentar a las dos sensibilidades existentes en su seno para acabar ocupando su espacio electoral”, según palabras del propio Iglesias. Pero sobretodo porque lejos de poner sobre la mesa esa pérdida de apoyos electorales el ex secretario general socialista se erige en valedor y adalid de la verdadera izquierda que habita en el PSOE, condenándonos a la infame etiqueta de socialdemócratas a quienes no pensamos como él. Eso sí, dispuesto a entregar a la formación a un pacto imposible con quien pretende destruir a su partido, en un afán inusitado e inconsciente por convertirse en el Alberto Garzón del PSOE. Reconozco que nunca he sentido tanta vergüenza escuchando a un socialista como cuando concedió la famosa entrevista televisiva tras su dimisión. Todo un monumento a la posverdad.Posperiodismo en estado puro, que también diría un cursi.
El PSOE, como el resto de partidos, tiene algunos males profundos con los que ya se encontró Pedro Sánchez, que incluso ha contribuido a ensanchar, y respecto a los que no ha hecho nada por remediar cuando tuvo la oportunidad y la responsabilidad. Uno de los principales problemas es el poco parecido de su estructura más básica, las agrupaciones municipales, con el entorno social al que pertenecen, dicho de otra manera, en cuanto a edad, sexo o formación, no son un fiel reflejo de la sociedad de su propio ámbito territorial. Este déficit representativo permite administrar, con cierta relajación, los procesos orgánicos internos. Los votantes del PSOE tienen poco o nada que ver con quienes debaten y deciden en las agrupaciones. Las agrupaciones han envejecido tanto en cuanto a la edad de sus miembros como en cuanto a las conexiones, indicadores e incluso fusibles sociales que debían haber saltado ya hace tiempo. Y aunque esto no ocurre en la totalidad del territorio o no está tan extendido como para colapsar fatalmente la organización, sí lo hace en una proporción en la que los intereses personales llegan a intoxicar el interés y los objetivos de la organización, permitiendo que mediante procesos de selección adversa se designe a los menos adecuados para representar al resto. La ambición personal eslegítima, lo que no es tan legítimo es saltar a canasta con los codos abiertos impidiendo que otros de tu equipo puedan saltar contigo para recoger el rebote.
En el PSOE, además, de igual manera que en otras organizaciones políticas, conviven dos comportamientos no generalizados pero sí identificables y no exentos a su vez de cierta dosis de toxicidad. Por una parte está la corte de los que son de la opinión de lo que opine la dirección, por otra, los que son de la opinión contraria a la dirección nacional porque es la forma que tienen de oponerse a la dirección territorial más inmediata. Tan indeseable es una corriente como la otra, porque ambas enmascaran e intoxican el verdadero debate. Y así tenemos a quien está más preocupado por aumentar el número de seguidores en twitter que por arreglar los baches de su pueblo o a quien se autodenomina depositario de los verdaderos valores del socialismo pero no tuvo inconveniente en entregar la FAMP al PP tras la pataleta por no haber sido designado para seguir presidiéndola.
Si el debate sobre el modelo de partido no se pone sobre la mesa de una vez, si no se aborda su necesaria supervivencia con una buena dosis de lealtad, de sinceridad y de generosidad, el PSOE desaparecerá. Porque los proyectos personales desparecen pero los movimientos políticosy sociales no. Y su espacio será ocupado por otra formación. Es fundamental abordar el análisis de la pérdida de espacio electoral, del modelo de regeneración democrática que devuelva a los ciudadanos la confianza en el PSOE, del tipo de oposición que debe ejercer en los diferentes ámbitos institucionales, del modelo de estado federal, laico y solidario y, prioritariamente, de un modelo de partido que no viva supeditado a los procesos orgánicos.
Entre tanto, algunas corporaciones de medios, consolidados y emergentes; analógicos y digitales, también toman posición en estas primarias en defensa de Sánchez y en contra de otros candidatos con mejores expectativas electorales de cara al futuro y menos lastre en las alforjas, en un sobrehumano esfuerzo por contribuir, mediante la intoxicación informativa de quien representa mejor los valores de izquierdas, al advenimiento de ese mesías populista de la pospolítica que es Iglesias.
Pero que nadie se llame a engaño porque a pesar de la crítica, incluso de ésta crítica, la peor versión del PSOE aun representa y defiende con más fidelidad los intereses de la clase media y trabajadora de este país que la formación liderada por un megalómano que no hace ascos al uso de formas estalinistas, llegado el caso, para acallar incluso la disidencia interna con el único argumento de perpetuarse en el cargo. Casta en estado puro.
Es posible que los procesos internos se acaben intoxicando, lo que no puede ocurrir es que esos procesos acaben transmitiendo su toxicidad a la democracia, porque entonces nada tendrá solución.

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